lunes, 11 de enero de 2010

III

El "clack" del desacoplamiento me devolvió a la realidad. La fuerza G del lanzamiento me aplastó contra la pared de la cabina con tanta violencia que estuve a punto de perder el conocimiento. Sentía mi corazón intentando bombear con fuerza sangre a mi cerebro. Ya había sentido eso antes, pero seguía siendo igual de desagradable.

Coincidendo con el lanzamiento, las mirillas se bloquearon dejándome en una oscuridad total, aunque nunca había sabido si esa oscuridad era producto de la pérdida de visión consecuencia de la aceleración. En la lejanía escuchaba la computadora de abordo escupiendo datos de procesado tales como velocidad, altitud y al que más atención prestaba... desviación del ángulo. Había oído que mientras no pasara de la milésima de grado, todo iría bien.

El frío, paulatinamente fue dando paso al calor. Si antes sentía mis pies ateridos, ahora empezaba a escuchar el sistema de ventilación de la armadura esforzándose por disipar la temperatura. Estaba ingresando en la atmósfera.

Pronto empecé a escucharlo. Al principio, era sólo un susurro que se mezclaba con los datos que fielmente me iba dictando la computadora, pero al poco, el silbido era tan fuerte que tenía que esforzarme por seguir escuchando el dato del ángulo.

- Temperatura exterior 1500 grados kelvin. Temperatura en la cabina, 310 grados kelvin.- decía la inanimada voz de la computadora.

El primer zarandeo me sacudió con violencia, probablemente una turbulencia de las capas altas de la atmósfera. Había escuchado que en ocasiones eran de tal magnitud que desarmaban por completo la cápsula, haciendo que el incandescente aire del exterior entrara por alguna fisura e incinerando a su ocupante, pero también sabía que por estadística, no era la mayor amenaza a la que me enfrentaba

- Temperatura exterior 1900 grados kelvin. Temperatura en la cabina 330 grados kelvin.-

Algo no iba bien. Se suponía que la cabina estaba diseñada para aguantar 2222 grados kelvin ( número era fácil de recordar) pero no esperaba que la inversión térmica fuera tan fuerte al principio del lanzamiento.

- Alerta, desviacíon del ángulo de reentrada 0.00089 grados. Umbral no crítico.-

Lancé una maldición. El ángulo era demasiado bajo. Después de todo, no es lo peor que puede pasar. Si el ángulo es alto, la cápsula rebota sobre la atmósfera como una piedra plana en un estanque. Si moría aquel día, al menos sería rápido.

- Temperatura exterior 2050 grados kelvin. Temperatura en la cabina 350 grados kelvin.-

La cosa se ponía fea. El sistema de refrigeración de la armadura de combate aún me mantenía a salvo, pero si la integridad de la cápsula se veía amenazada podía irme despidiendo. Traté de diferenciar de entre el maremagnum de datos el que indicaba la altura. Algún bastardo seguía usando el sistema imperial, y tuve que esforzarme para calcular que 335768 pies eran cerca de cien kilómetros de altura. Apenas había comenzado la reentrada y ya estaba casi al límite de resistencia de la cápsula.

- Temperatura exterior 2100 grados kelvin. Temperatura en la cabina 372 grados kelvin.-

Probablemente eso habría bastado para matar a alguien sin protección. Yo seguía más pendiente del ángulo de reentrada, me repetía a mi mismo que hasta una milésima de desviación, era soportable. Traté de ignorar el sofocante calor que comenzaba a hacer en el interior de mi armadura e instintivamente, agarré uno de los asideros de la cápsula cuya funcionalidad era ayudar a incorporarme una vez en tierra. Me sorprendí al descubrir que había soltado una risa nerviosa, y me sentí estúpido al pensar que un simple asidero podía salvarme.

- Emergencia, ángulo de reentrada 0.00097 grados. Umbral crítico.-

De la batería de datos que soltaba la computadora, sólo este parecía ser audible para mí. Me agarraba a esa milésima de margen dentro de la que todavía me hallaba, sabiendo de que mi vida dependía de un número tan bajo. Quizás mi subsconsciente hizo que me fijara en el primer dato positivo desde que había sido desenganchado de la nave de transporte. La temperatura exterior se mantenía estable en 2190 grados kelvin. No pude escuchar la temperatura interior, pero desde luego, sudaba como nunca lo había hecho antes.

- Altura 100000 pies.-

Maldita sea... ¿cuánto eran cien mil pies?, bueno, no importaba, ya había llevado a cabo las dos terceras partes del descenso y la capsula seguía al límite de su diseño, pero de una pieza. Empecé a albergar esperanzas de poder aterrizar de una pieza en lugar de vaporizarme. Una nueva sacudida me volvió a zarandear. Me di cuenta de que, en mi obsesión por escuchar los datos, había pasado por alto que la cápsula se había movido, y se había movido mucho. Probablemente, la primera turbulencia había sido la que me había desviado del ángulo óptimo de reentrada, pero no había sido la única, sólo en ese momento, me sentí como dentro de una coctelera mientras se prepara un Bloody Mary con mucho hielo picado. Me reí de nuevo ante la ocurrencia.

-Precisamente un poco de hielo no me vendría mal ahora.- dije en voz alta.

De nuevo una sacudida, probablemente la más fuerte de todas, me aplastó contra el interior de la cabina. Sólo el hecho de ir fírmemente sujeto al arnés me salvó de romperme el cuello.

- Esto no lo cuento...- pensé en voz alta, como si quisiera que alguien invisible se hiciera eco de mis palabras y me despidiera de mis seres queridos. ¿Seres queridos? no había nadie esperándome en la vieja Tierra. Nunca conocí a mis padres y mi hermana había muerto durante uno de los sitemáticos saqueos de los suburbios de Amsterdam. Tal vez sentía no haberme despedido de aquella putilla de la periferia a la que solía visitar de vez en cuando. Tal vez sentía no saber de quien despedirme y terminar mis días a una distancia de casa tan grande que tendría que llenar de ceros un folio de papel para escribirla. Tal vez sentía no tener casa.

Pero aquella sacudida era diferente. No era una turbulencia atmosférica. Eran los retropropulsores. La única mecánica que incluía aquella maldita cápsula. Se habían disparado y si no nos habían engañado en la academia, eso significaba que estaba a menos de 50 kilómetros de altura sobre la superficie. Estaba frenando, pero eso no significaba que estuviera a salvo. Cualquier fallo en el tiempo de ignición del propelente y el paracaidas encargado de decelerar en los últimos kilómetros se rasgaría haciendo que la cápsula se estrellara contra el suelo convirtiendose en una formidable batidora y yo en carne picada dentro de mi armadura. Durante un minuto que me pareció eterno, estuve escuchando el rugir de los motores mitigando mi velocidad. De forma súbita dejaron de actuar y volví a sentirme en gravedad cero. Estaba cayendo hacia la superficie. Los paracaídas no se abrían probablemente debido a algún problema con el exceso de temperatura en la reentrada. Recordé que había una palanca de emergencia para efectuar la apertura manual y tiré de ella con fuerza. No tuve la sangre fría de comprobar primero la velocidad en la computadora de a bordo, no quise esperar. Sólo quería detener aquella caída como fuera y así lo hice.

Los últimos dos kilómetros de descenso fueron placenteros comparados con el resto del vuelo. Escuchaba que la temperatura del exterior de casco se estabilizaba en torno a los 800 grados kelvin y el ángulo de reentrada ya ni siquiera era mencionado. A veces, después del descenso, y debido al espectáculo audiovisual de los retropropulsores, tienes esperándote lo que los veteranos llaman "el comité de bienvenida" que te acribillan antes de abrir la cápsula. Por eso el reglamento dicta que hay que salir preparado para el combate. Comencé a realizar las tareas rutinarias para las que me habían entrenado. La computadora de mi casco táctico funcionaba, el rifle estaba armado con el seguro quitado y todos los sistemas de mi armadura estaban en verde.

- 5 segundos para impacto.- dijo la voz de la computadora.

Me preparé. Nuevamente, volví a agarrarme a aquel asidero de la cápsula al que ya consideraba mi mejor amigo. Contuve la respiración y el cápsula impactó la superficie de algo lanzándome hacia adelante mientras el arnés se esforzaba por mantenerme en mi sitio.

Estaba parado. Notaba la gravedad un poco más alta que en la tierra, o quizás la falta de ejercicio durante el transito estelar me había oxidado un poco. Nunca lo supe. Sólo en ese momento me di cuenta de que la computadora del casco táctico había estado leyendo mis constantes vitales. Tenía cerca de 200 pulsaciones por minuto y la tensión por las nubes. Algún médico allá arriba se estaría descojonando de mi cobardía, pero él no estaba allí conmigo. No había vivido lo que yo.

Miré al horizonte artificial de la cápsula. Hasta ahora no me había dado cuenta pero la cápsula estaba boca abajo. Si había alguien fuera esperando a que saliera lo tendría fácil para acabar conmigo, pero preferí no pensar en las posibles amenazas. En lugar de eso, giré la manija que disparaba los explosivos que separaban los paneles que formaban la cápsula, convirtiéndola en algo que se parecía a una jaula para pájaros conmigo en su interior. Solté el arnes y caí de bruces sobre el suelo de Böhr aunque la armadura absorbió la mayor parte del impacto. Me costó deslizarme fuera de los hierros que formaban el esqueleto de la cápsula, pero finalmente me vi libre. Ya hacía un rato que sabía que estaba sólo. Había sido muy torpe al librarme de los restos de la cápsula y cualquiera que hubiera estado acechándome había tenido tiempo de sobra para convertirme en un colador tecnológico de diez millones de pavos en equipamiento.

-India Kilo Lima Primero. Aquí Charlie Papa Wiskey Segundo. ¿Me recibe?.- dije por el canal encriptado de comunicaciones mientras me incorporaba ya sobre la superficie de Böhr. No escuché respuesta.

-India Kilo Lima Primero, aquí Charlie Papa Wiskey Segundo. ¿Me recibe, primero?.-

De nuevo la estática por respuesta.

-Atención Charlie Papa Wiskey Segundo... aquí Nido base.-

Era de la nave. No solían ponerse en comunicación con los "pollos" que soltaban sobre la superficie a menos que las cosas hubieran salido realmente mal.

- Errr.... ha habido un problema con el cálculo del ángulo de reentrada. Hemos perdido la comunicación con el resto de su escuadra. Creemos que está sólo.- dijeron después de un rato

Vaya. Así que no había sido ninguna turbulencia que me hubiera desviado, si no el cálculo que algún novato había llevado a cabo durante el lanzamiento. Esperaba que le cayera un buen paquete por eso.

- Recibido, Nido base. Solicito instrucciones.- traté de decir con el tono más frío de voz que pude poner en mis palabras. El canal quedó silenciado por un momento. Aproveché para mirar los restos de la cápsula. Después de todo, le debía la vida, y debo confesar que sentí algo parecido a agradecimiento a los ingenieros que la habían diseñado. El exterior de las placas, ahora dispersas alrededor de lo que quedaba de la cápsula, estaba negro y chamuscado como si hubiera estado expuesto al humo negro de una fábrica, pero el interior parecía intacto. Sólo Dios sabía lo que les habría pasado a mis compañeros de patrulla... si es que Dios había llegado a aquel rincón remoto del universo.

- Charlie Papa Wiskey Segundo.- Una voz diferente me sacó de mis ensoñaciones.- Aquí el comandante de la misión. Proceda según el plan. Ahora es usted India Kilo Lima Primero. La información detallada de la misión le será descargada a su computadora táctica mediante enlace de microondas. Prosiga según el plan.-

Vaya... quince minutos sobre la superficie de Böhr y ya era Sargento. Sólo esperaba que la paga se incrementara adecuadamente y que hubiera empezado a contar desde ese mismo momento, porque en por primera vez, sentí que tenía la sana intención de volver y cobrar todas y cada una de las horas.

1 comentario:

  1. mmm... me gusta la historia.
    Acrelon V, Böhr, Kilo Lima Primero, casco táctico,... ey! estos nombres son mucho mejores que service machine, executor y demás de la familia. :P
    Me uno a los seguidores!

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