miércoles, 21 de abril de 2010

IX

Una vez, conocí a un tipo que me habló de una misión a la que había estado asignado. Hace tiempo que olvidé su nombre, así que le llamaré Lee. En aquellos tiempos, las principales amenazas, además de los movimientos políticos que tenían lugar en remotas colonias, estaba en la piratería. Gente que, tras un motín, disponía de una nave espacial y tenía que buscarse la vida para no morir de inanición en el espacio profundo. He de reconocer que en mi juventud, todos teníamos una visión romántica e idealizada de aquellos forajidos que vivían al margen de las reglas sociales. La realidad, era muy diferente. Por lo general, aquellas personas estaban tan hambrientas y desesperadas que se atrevían incluso a realizar asaltos a convoys militares. Por aquella razón, Lee, había sido asignado como parte de la escolta de una misión científica.

Esta expedición pasó a la historia porque fue la primera que se hizo a un planemo interestelar. No se mucho de ciencia, pero intentaré explicar lo que es. Todos tenemos en mente lo que es un planeta. Lo imaginamos, por lo general, más o menos cálido y orbitando en torno a una estrella. Un planemo es un objeto de masa planetaria, y cuando es interestelar es que no orbita en torno a ninguna estrella, sino que está en el medio interestelar. Por qué aquellos pirados de bata blanca querían ir allí, es una razón que nunca alcancé a entender, pero el caso es que tras varios meses de viaje, allá estaban, orbitando un pedazo de roca en medio de la oscuridad más absoluta, sin ninguna referencia de luz, calor y por lo tanto energía. Lee me contó que aquel sitio no tenía atmósfera pese a tener un tamaño parecido a La Tierra. Supongo que o habría cristalizado por el frío, o habría sido barrida por los vientos de partículas interestelares.

Escuchar la descripción de aquel lugar y de lo que debe de ser el infierno, me pareció una única cosa. Era escalofriante escuchar la descripción de aquellos acantilados, negros como sólo la ausencia de luz puede ser, recortándose contra un mar de estrellas. Como la quietud, el frío y la soledad llevaron a la locura a muchos de los integrantes de aquella expedición. El ser humano no está preparado para aceptarse a sí mismo como parte de un inconmensurable y helado universo. Cuando lo hace, escapando de la seguridad del casco de una nave, o de un lugar con amaneceres y ocasos, cuando el hombre se enfrenta al vacío, entonces duda y finalmente enloquece. Una vez un sabio alemán, creo que era filósofo cuando alemania era algo más que un extenso cementerio, dijo "Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también mira dentro de tí." Debe de ser difícil sostener la mirada al abismo.

Richter y su grupo habían creado un rudimentario refugio en una cueva de lava de las que abundan en la orografía de Böhr con un único guardia a la entrada. Allí estaba yo, comiéndo una lata de algo con sabor a pollo y con la niña dormida apoyada en mi pierna, sintiéndome infinitesimalmente pequeño y contemplando el abismo conforme me enteraba de lo ocurrido. El teniente me dijo que lo que había presenciado en aquel asentamiento, no había sido un hecho aislado, si no que formaba parte de un acto coordinado a escala planetaria. Achrelon, la capital de Böhr había caído en pocos minutos. La principal base militar, a donde llegaba todo el material de la tierra y que estaba blindada contra la actividad local, habían sido los últimos en dejar de emitir, con un críptico "suerte a los que quedais ahí fuera, esto se acabó".

- O sea que hay más grupos como nosotros.- dije
- Seguramente si, equipos de infiltración y operaciones especiales.- me contestó Richter con serenidad. -Tenemos que pensar en dos problemas. El primero es a corto plazo, y es evitar encontrarnos con esas criaturas. Aquí creo que estamos a salvo, Böhr tuvo una intensa actividad volcánica en el pasado y hay miles de cuevas como esta. El segundo problema, es que tenemos que empezar a pensar en cómo vamos a subsistir.-
- ¿Por qué me cuenta esto a mí, teniente?.- le pregunté
- Porque has arrastrado contigo a una chiquilla a la que no conocías a través de un entorno completamente hostil. Si existe algo de humanidad en este planeta tú mejor que nadie la representas.- dijo mirando a la niña.

Aquel halago me gustó. Jamás me habían dicho que fuera buena persona. En realidad, creo que nunca me habían dicho nada bueno hasta entonces, pero no soy buena persona y no quería que se me tomara por tal.

-Siento decepcionarle, teniente, pero estoy aquí por qué maté a un hombre.- le dije - Si yo represento la humanidad, merecemos extinguirnos.-
- Eres soldado raso, ¿no?.- dijo cambiando de tema.
- Bueno, no realmente.- le contesté.- Cuando toda mi unidad se convirtió en ceniza en la reentrada, me elevaron al rango de sargento. -
- A mí me vale. Ahora, como suboficial, ¿cuál es tu sugerencia?-
- Bueno, yo creo que si queremos sobrevivir tenemos que aprender a vivir como los locales y tal vez con los locales. Estoy seguro de que aun mantienen cierta capacidad. Estuvieron resistiendose a los designios de la Sociedad Planetaria durante casi ciento cincuenta años, cuesta pensar que por muy poderoso que haya sido el golpe, no mantengan cierta infraestructura. Almacenes de provisiones, armas, e incluso refugios. Creo que nuestra única opción es encontrar un grupo de rebeldes y unirnos a ellos si no nos cosen a tiros primero.-

La verdad es que no tenía mucha fe en las palabras que decía, pero el teniente me había tratado con cortesía y no quise decepcionarle con un "no tengo ni idea". Si Richter se dio cuenta de aquello, fingió no haberlo hecho.

- O sea, que sólo tenemos que pensar en como encontrar a los bohrianos, y decirles "eh, llevamos ciento cincuenta años arrasando vuestros asentamientos, ¿podemos vivir con vosotros?.-
- Más o menos.- respondí.
- Parece fácil.- dijo con ironía Richter.- Descansa un rato, pareces exhausto.-
- Le sugioero que intente cargar con la mitad del equipo que llevaría con una armadura de combate y con 12 kilos extra que no paran de llorar. Luego entenderá por qué tengo este aspecto.-

No se cuanto dormí, recostado al lado de la pequeña, pero me despertó jaleo que venía de la entrada de la cueva, muchas voces agitadas y ruidos de pertrechos. Me levanté de un salto y recogí mi rifle y corrí hacia la entrada de la cueva.

- ¿Qué pasa?.- pregunté a una soldado que venía en dirección contraria y a la que no había visto antes.
- Hemos establecido una línea de comunicación con un destacamento rebelde que está aislado de su base, perdón, tengo que ir a por baterías extras, el enlace por satélite está casi sin potencia.- se excusó.

Corrí hacia la entrada de la cueva sin darme cuenta de que aun llevaba el rifle. Cuando llegué, salí al aire libre. Era de noche. Allí estaba el teniente con un dos soldados mucho más fornidos que yo, ambos con insignias de sargento. Los tres estaban junto a una pequeña antena parabólica que apuntaba al cielo estrellado. Richter hablaba por su intercomunicador, seguramente lo había enlazado con el sistema de comunicaciones por satélite.

- ...Se lo estoy diciendo, la Sociedad Planetaria no ha tenido nada que ver. No salgan al descubierto, corren un inmenso riesgo.-
- ¿Qué ocurre?.- pregunté a uno de los sargentos, un nubio inmenso con la piel negra como la noche y que tenía pinta de estar controlando el enlace de satélite.
- Hace una hora conseguimos enlazar por un canal abierto con un grupo rebelde.- dijo. - Están desconcertados y nos echan la culpa. El teniente está intentando convencerles de que... -
- ¿Se pueden enviar archivos por ese canal de comunicaciones?.- pregunté.
- Si, pero la velocidad es algo lenta.- me contestó.

Tiré de la manga al teniente que me hizo un gesto queriendo decir "ahora no", así que insistí.

-...un momento por favor.- dijo antes de volverse hacia a mí y tapar el micrófono con la mano. -¡Qué cojones quiere, sargento!.-

Estaba cabreado de veras y me habló con rudeza, pero me había llamado sargento, así que algo de reconocimiento había en su voz.

- Tengo pruebas. Tengo la grabación de todo lo que pasó en la base rebelde, podemos enviarles un fragmento y darles el resto en persona.-

Richter se volvió al micro y dijo:

- Podemos enviarles una grabación que corrobora mis palabras. Además, tenemos una civil superviviente con nosotros... No, no puede ponerse para que reconozca su acento por que es una niña pequeña... Sí, se lo enviaremos por este canal y si quieren les enviaremos toda la grabación más adelante... Me parece justo, dejaremos que ustedes evalúen la grabación y si le dan veracidad, continuaremos hablando.-

Dejé a Richter hablando mientras corría gruta adentro a por el sistema de grabación y camino de la salida, seleccione un par de secuencias, concretamente aquella en la que se grababa como salía al paso de la muchedumbre advirtiéndoles y en la que se derrumbaba el muro sobre mí. Al llegar a la salida, ya lo tenía todo listo.

- Aquí está.- le dije al sargento nubio.
- Lo estamos enviando, Teniente.- dijo al poco tiempo.

En la pantalla se veía la secuencia que había seleccionado conforme se iba volcando al enlace.

- ¿Eres tú? Te has cargado una armadura de combate, eso es una pasta.- dijo con una blanca sonrisa que contrastaba con su piel.
- Esperaré a que me pasen la factura.- contesté.

Durante un rato, nos quedamos todos alrededor del enlace de satélite. En ese momento, prácticamente no había nadie en la cueva y todos estaban espectantes a lo que vomitara aquel cacharro. De repente, Richter nos hizo una señal con una mano para que nos calláramos mientras con la otra apretaba el auricular contra su oido.

- Sí... No... No, no podemos desplazarnos sin armas hasta su posición, seríamos una presa demasiado fácil... de acuerdo... de acuerdo... allí nos veremos.-

Richter cerró la comunicación dejando escapar un suspiro.

- Han accedido a establecer contacto.- dijo finalmente.
- Sargento N'Guema, organice las guardias.- ordenó al sargento que había manipulado el enlace.
- Venga conmigo, sargento.- me dijo a mí al tiempo que se introducía en la cueva.

Le seguí de vuelta al interior de la gruta.

- Esperemos que tu plan de resultado.- me dijo.- Vamos a ponernos en sus manos.-

Richter hacía un uso más que correcto en el tratamiento. Me había tratado con deferencia delante del resto del personal y había vuelto a un trato más coloquial en privado. Apostaría a que lo hacía con todos, lo que le permitía mantener una actitud autoritaria de cara al resto de soldados, pero un trato amable con todo el mundo en particular que fomentaba los lazos afectivos. Un tipo listo.

Al llegar al final de la galería, desplegó un mapa holográfico del tamaño de una cartera. Una imagen tridimensional se proyecto mostrando un montón de riscos y valles secos.

- La cueva está al pie de esta montaña.- dijo señalando un pico rojo a un par de metros de mí. - Y quieren que nos encontremos aquí.- dijo señalando la mitad de un desfiladero en el otro extremo de la oquedad en la que estábamos.
- Parece una trampa.- dije.
- Lo es. Es una auténtica ratonera. Jamás enviaría a los soldados ahí.-
- Pero les ha dicho que vamos a ir a su encuentro.-
- Creo recordar que dije que habían accedido a establecer contacto. Iré yo sólo con la niña.- dijo.- Quieren hacerse cargo de ella.-
- Entonces también voy yo.- dije.

Richter rio entredientes con autosatisfacción.

- Sabía que lo diría. Ya le dije que tenía usted humanidad, sargento.-