viernes, 28 de mayo de 2010

X

Hay que reconocer que los xenoformos tenían algo que me gustaba. Su sociedad no era esa corrupción de codicia controlada por la testosterona de algunos individuos. Era algo frío, calculado, carente de emociones, y eficaz. Lo supe más tarde, pero lo intuí al ver el cariz que estaba tomando la negociación con los rebeldes... bueno, si se puede llamar negociación a responder preguntas mientras te encañonan con un arma y te hablan en un extraño acento en ocasiones difícil de comprender.

Tardamos pocas horas en llegar al desfiladero, y tal y como imaginábamos, era una encerrona. No tardaron ni cinco minutos en atraparnos una vez nos internamos en el mismo. Ni Richter ni yo éramos estúpidos por eso dejamos las armas poco antes de penetrar entre aquellas afiladas paredes. Nos vendaron los ojos y nos llevaron a ciegas durante un tiempo que no puedo determinar, pero que me parecieron siglos, sin decir ni una sóla palabra. Conmigo tuvieron la delicadeza de dejarme una mano libre. La niña, iba ahora andando y no se separaba de mí agarrada a mi mano. Cualquiera pensaría que buscaba mi protección o algo así, pero lo que yo sentía realmente es que me guiaba para que no me tropezara. Imaginación o realidad, lo cierto es que mientras escuché a Richter jurar en su alemán nativo vez que tropezaba, gracias a mi pequeño lazarillo, no tuve ningún problema.

Finalmente el suelo irregular de Böhr dejó paso a una superficie suave. Escuché el rechinar de una pesada puerta, probablemente de metal, primero al abrirse delante de mí, después al cerrarse acompasada esta vez del ruido de una cerradura. A continuación me obligaron a sentarme y me ataron las manos a la espalda separándome de la niña que comenzó a llorar para finalmente quitarme la venda de los ojos.

Una luz muy fuerte me apuntaba a la cara. Mejor dicho, nos apuntaba. A mi lado, en idéntica posición , y con las manos atadas a la espalda, estaba Richter.

No se cuantas veces respondimos que habíamos venido solos. Muy pocas menos de las que dijimos donde estaba nuestro campamento. Al principio, cuando Richter confesó la localización exacta a la primera, pensé que aquel hijo de puta nos había vendido por algo de seguridad. Tras pensarlo dos veces, me di cuenta de que no había alternativa. Con Achrelon convertido en una nube de vapor y sin ningún sitio a donde ir, la opción pasaba por llegar a un acuerdo con los que hasta hace poco considerábamos enemigos o simplemente sentarse a morir de inanición.

Nuestro interlocutor, se hacía llamar Savior y parecía tener cierto rango a juzgar por la forma en el que el resto de su tropa, un centenar de soldados mal equipados, le trataban. Me sorprendió pensar que nuestros andrajosos anfritriones hubieran tenido en jaque tantos años a la flor y nata de la infantería colonial.

- Cuantos habeis venido.- volvió a preguntar.
- Escucha, capullo- dije con todo el orgullo que me quedaba.- Si quieres te digo que tenemos una puta división con nosotros. Puedes enviar un escuadrón a buscarla o bien puedes enviar esa misma patrulla para comprobar que las imágenes que grabé son reales y que vuestra base, ciudad, o como coño lo llameis se ha convertido en una gigantesca escombrera. Mientras, lo que queda de tu gente sigue pudriéndose, si es que algo se pudre en esta roca a la que llamais hogar, así que puedes hacer dos cosas. O nos matas de una vez, o nos crees.-

Nuestro anfritrión se quedó callado durante unos interminables segundos. Durante ese intervalo, me dio tiempo de sobra a pensar que tal vez no había sido una buena idea hablarle en ese tono a nuestros captores.

- ¿Grabaste tú las imágenes?.-
- Si.- respondí
- Así que sois tropas de asalto orbital.-
- Sólo yo.- dije de nuevo.- Ellos se supone que tenían que extrarme de territorio...- en aquel momento iba a decir enemigo, pero no me pareció prudente.- ...hostil. Luego pasó todo lo que pasó y nos vimos perdidos.-
- ¿Sabes que le hacemos a las tropas de asalto orbital?-
- Les cantais canciones al oído.- dije con sarcasmo.
- Los despellejamos.- me corrigió.
- Debe de ser por eso que somos capaces de recorrer distancias tan largas en tan poco tiempo cuando llevamos a cabo incursiones.-

Savior rio mi ocurrencia.

- Te mantenemos con vida sólo porque hemos visto en la grabación como trataste de proteger a la población civil.- dijo con el semblante serio de nuevo.
- Siempre que no me despellejen, me parecerá una razón cojonuda.-
- Eres un espía.- sentenció.
- Creeme, queda poco que espiar.-

Savior se recostó en su propia silla con los brazos entrelazados, como si estuviera decidiendo que hacer con nosotros.

- Mire.- dijo Richter.- ¿Tiene usted alguna graduación por la que me pueda dirigir?
- Comandante.- contestó.
- Comandante Savior. Veo que es usted desconfiado y tenaz. No se lo reprocho. Si fuera yo el que estuviera ahí, sospecharía también. El problema es que se nos acaba el tiempo. Mi escuadra lleva cinco días en el mismo lugar. No hemos vuelto a ver ningún fenómeno extraño desde el día de la grabación, pero los dos somos militares y sabemos por qué. Tras el ataque, están consolidando posiciones. El siguiente paso será...-
-Aniquilar las bolsas de resistencia.- continuó Savior.
- Se nos acaba el tiempo.- sentenció Richter

Nuevamente, Savior volvió a recostarse pensativo en la silla.

- Muy bien. Esto es lo que haremos.- dijo dirigiéndose a Richter.- Les dirá que se dirijan al mismo desfiladero donde les capturamos, por parejas. Habrá un escuadrón de los nuestros esperándolos, pero sólo verán a uno de ellos. Le dejarán las armas. Luego veremos que hacemos con ustedes.-

- No vendrán en esas condiciones.- dijo Richter tajante.
- Entonces no hay acuerdo.-

Richter me miró en busca de consejo y yo le devolví la mirada asintiendo. No teníamos muchas más opciones, la verdad.

- Está bien.- dijo Richter finalmente.